|
Hemos
pasado de la dislocación espacial -en el arte abstracto y el
cubismo- hasta la dislocación temporal que ahora
está en curso. Esto representa la virtualización
en su misma esencia: la virtualización de las acciones
«mientras suceden» y no simplemente de lo que ya
fue, recordando la idea de Barthes.
No
es la virtualización de la fotografía, de la
reproducción o del cine; no se produce ya en tiempo
diferido, sino en tiempo real
También
diría que la velocidad relativa ha sido la velocidad del
arte en general. Todo arte ha tenido un tiempo interno relativo, no
sólo la danza y la música, también la
pintura. Lo que está entrando en juego hoy en día
no es ya la velocidad relativa, sino la absoluta. Avanzamos contra la
barrera del tiempo. La virtualidad es la velocidad
electromagnética que nos lleva al limite de la
aceleración. Es una barrera irrebasable. Esta es la
cuestión de la transmisión en vivo,
del
tiempo global, de la intercomunicación casi
instantánea. ¿No es la barrera del tiempo
también una barrera irrebasable para el arte? ¿No
tiene el arte que tratar esta contingencia, cuando choca con la barrera
del tiempo real?
Hoy por hoy el
arte juega con su posible desaparición, lo encuentra
entretenido porque no lo toma en serio. Muchos artistas se nutren de la
idea de la muerte del arte. No son como Artaud, que anunciaba la
posibilidad del fin: en realidad son ya póstumos y se
aprovechan. Su herencia es un cadáver.
Creo que
nuestro tiempo es un tiempo tan inaudito como el previo al
renacimiento. Antes de la increíble explosión
renacentista estaba la tragedia. Y hoy estamos en esa tragedia. Un
mundo está llegando a su fin. Atención: no se
trata del fin del mundo, no me interesa toda la cháchara
apocalíptica contemporánea. Pero estoy seguro de
que es el fin de un mundo. Cuando entiendes así la
situación -y qué clase de intimidante
situación es, amenazando con un mundo inaudito
e
inabarcable- entonces
también tienes que reconocer que es algo maravillosamente
excitante.
Paul
Virilio |