kaoshipnótico música experimental
Los que se que quedan en el andén - Download Stream A veces, por un momento, siento tristeza por esa gente, la de los andenes. Esos que intentan evitar que suba al tren agrupándose impecablemente en las cercanías de las subidas, que retienen al viajante, llenan de bolsos el camino y ocupan la estrecha escalera, puerta y pasillos volviéndose una barricada humana en un clima de histeria y que minutos antes de partir se exhiben cerca de las ventanillas herméticamente cerradas. Siempre elijo la butaca de la ventanilla, lugar que ocupo sin excepcion como si fuera un asiento en primera fila de un espectaculo del que no quiero perderme detalle. Esos que siempre veo llorar, corren a la par del tren cuando partimos, agitan los brazos como locos pidiendo socorro, que a los pocos metros ya no identifican a quien despiden, que olvidaron la dignidad cuando empezaron a correr tras el tren y les da igual mostrar su desesperación que se funde con su desaparición y piensan que en su desesperación todos los que nos movemos debemos contagiarnos o conmovernos de sus espasmos emocionales y no sorprendernos de sus caras desencajadas gritando frases sin sentido mientras moquean y hacen gestos irracionales agitados como en ninguna otra ocacion. Esos que siempre están allí, siempre esta la gente de los andenes, la que no se sube al tren entonces llora y corre y trata de entristecer a quien despide. Siempre estarán ahí en el mismo lugar, a la misma hora, interpretando el mismo papel, papel que no se atreverán a cambiar ni un detalle por miedo a ser expulsados de su escenario, anden o silla. Luego comienzo a ver pasar edificios iluminados con sus habitantes anónimos, también quedan atrás, fueron sus luces algo que me llamo la atención por un momento, por un instante se puede ver un televisor encendido, una pc, uno imagina algo de musica, una terraza con gente comiendo un asado, chicos jugando en una plaza, pasamos por los andenes con la gente esperando el tren local y nosotros sin detenernos a buena velocidad, los veo por un segundo gesticular, saludar, ignorarnos, insultar, algún piedrazo también mientras se oye la sirena del bólido que los pulveriza en el tiempo y espacio. Entonces
esas images comienzan a ser una historia, rápida, que
desaparece al poco de nacer y le sigue una y otra en una especie de
collage musicalizados por los hierros del tren. Cut up
kaoshipnotico. La
tristeza que me dan estos personajes duran tanto como su imagen, el
viaje empieza,la ciudad queda atras con sus mentiras, el tren entra en
la noche, en el vagon apagan las luces y solo queda mirar las luces de
una lejanisima casa para estar ahi, los autos y camiones que se
deslizan por la ruta compartiendo unos metros y escuchar los
rodamientos del tren sobre el acero de los rieles entre otros sonidos
de ese ambiente en esa situacion.
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| kaoshipnótico,
sampler, sintetizadores, efectos, objetos, software. El vértigo del tiempo, pensar libre, con la mente sin prejuicios, nada que resolver, nada que terminar, solo ser parte del tiempo y sus cambios, la muerte al instante, creación y muerte en una sucesión continua que no se puede atrapar, ni medir, sin limites concretos ni abstractos, libertad de ser y ser porque nada es lo que fue, entonces la experiencia no sirve para vivir este instante porque nunca existió, no puedo vivir este momento con los conocimientos del pasado. Y el tiempo sigue su desarrollo y nosotros también sin ser parte de la desaparición, entendiendo los otros modos de transmisión y recepción que estimula la percepción, que la acrecienta. La razón de la sinrazón esta acá. Transmisión sonora. Y el sonido se traslada por el aire vibrando, variando, cada vibración es una composición y es sin ninguna estructura contenedora y yo tengo ganas de mover el sonido y moverme con él, haciendo variantes libres, continuas, coherentes, incoherentes, intensas, sin estructuras. Mover esas variantes lo llamo hacer música. Sonido, tiempo, aire, intención, movimiento se conocen en el instante, el momento soberano. En este ámbito sensorial tempo espacial se mueve el experimento kaoshipnótico. Experimentar para crear corriendo riesgos, sin especulaciones, sin prejuicios ni ideas definidas, experimentar en un mundo desconocido, de redefinición donde lo conocido pierde valor, se desintegra, los juicios estéticos caducan y el tiempo no puede ser medido ni tiene sentido hacerlo porque no es mensurable, donde cada cosa es parte de caos, condensándose, volviéndose real, tan real, inestable, cambiante, sin falsa sensación de seguridad, como siempre, como todo lo que nos rodea y que no se puede contener con palabras ni otros esquemas predefinidos. Hacer música sin importar las mediciones de tiempo, escrita, tiempo sea por metrónomo o por el contador de un software. No interesa que avanzada sea la tecnoclogia si se la usa para controlar, medir, sigue siendo primitiva. Y tratar de que cuando se apague el último sonido siga por largo tiempo la sensacion que todo cambia y no encontrarse con la rigidez de la realidad impuesta y sostenida por «ese hatajo de rencorosos y dóciles, violados, robados, destripados, y gilipollas siempre. ¡Ni que lo digas! ¡No cambian! Ni de calcetines, ni de amos, ni de opiniones, o tan tarde, que no vale la pena. Han nacido fieles, ¡ya es que revientan de fidelidad! Soldados sin paga, héroes para todo el mundo, monosabios, palabras dolientes, son los favoritos del Rey Miseria. ¡Los tienen en sus manos! Cuando se portan mal, aprieta... Tienen sus dedos en torno al cuello, siempre, cosa que molesta para hablar; han de estar atentos, si quieren comer... Por una cosita de nada, te estrangula... Eso no es vida» «Puestos a hablar de ti, ¡tú es que eres un anarquista y se acabó!» Siempre un listillo, como veis, y el no va más en opiniones avanzadas. «Tú lo has dicho, chico, ¡anarquista! Y la prueba mejor es que he compuesto una especie de oración vengadora y social. ¡A ver qué te parece! Se llama Las alas de oro...» Y entonces se la recité: Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se tira por todos lados, panza arriba, en busca de caricias. Ése es, nuestro señor. ¡Abracémonos!*Adaptacion de un extracto de Viaje al fin del la noche de Louis Ferdinand Celine. |
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